Top
 

Mucho por hacer…

 

¡Cómo se notan los días y la falta de sueño! Esto de aprovechar el tiempo al máximo nos obliga a dejar en segundo plano otras cosas (como el dormir). A las 6 debíamos estar cargando en el bus las maletas y así ha sido (están siendo muy diligentes -¡salvo los que se duermen!-) Acomodarnos en los asientos y continuar de manera mucho más incómoda el sueño interrumpido. Desayuno todavía en Chequia y paciente marcha hacia Polonia (obras en la carreteras, atascos,…) Al entrar en territorio polaco, parada para la comida preparada en pic-nic. Llegábamos justos al encuentro de todos los españoles en Czestochowa, y finalmente no ha sido posible. Llegar y comenzar a arreciar la lluvia (¡la llevamos puesta!) Nos da tiempo para ver a varios conocidos de distintos lugares, escuchar algunas canciones y reírnos con alguna danza. De nuevo empapados, entramos en el santuario de la Virgen negra (Jasna gora) y nos ponemos bajo su amparo, cantando todos el canto correspondiente. Y poco tiempo para más, salvo hacernos unas cuántas fotos en grupo con algunos de los obispos españoles (D. Juan José Omeya -Arzobispo de Barcelona- y D. Carlos Escribano -obispo de Logroño-)… Y camino de Cracovia. En el trayecto, rezo del a Corona de las Doce estrellas y últimas instrucciones antes de llegar. Nos acoge una de nuestras parroquias Escolapias de la ciudad. Hay otros grupos a la espera, y tras varias diligencias, acreditaciones, mapas, libro del peregrino, talones para las comidas… Cenamos en el comedor de la parroquia y nos vamos a nuestro lugar de dormir, clases de una escuela pública, el puro suelo, pero en un evento como este todo se vive desde la gratuidad y el agradecimiento, así que, ¡bendito suelo que nos dará el descanso de cada noche en los próximos días!

Mi reflexión de hoy se ha ido para “los objetos perdidos”. Pasemos por donde pasemos, cada día, hay varios que se dejan olvidadas cosas en donde dormimos (me ahorro el listado por decoro y dignidad), lo sorprendente es que, tras un momento muy fugaz de “¡me he dejado!”, deja de tomar valor lo olvidado y asumen con una facilidad pasmosa que “ya me compraré otro”. ¿Hemos perdido el valor de las cosas, no por su precio, sino por su consumo saludable, su cuidado necesario y el esfuerzo de conseguirlo? Ciertamente, muchos estos chicos actúan como si dispusieran de todos los recursos del mundo, a los que tienen derecho y acceso innecesario. Creo que es una actitud a educar y transformar, por su bien y el bien de nuestro planeta. Además de lo altamente humanizante que es cultivar la cultura del esfuerzo, la responsabilidad y el cuidado. Sinceramente, hay aspectos relevantes que estamos descuidando con estas nuevas generaciones, y darles de todo, evitarles todo sufrimiento y no dejar que asuman errores y sus consecuencias los hace lamentablemente débiles y flojos. Mucho por hacer…

#JMJCracovia2016