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Los jóvenes evangelizan a los jóvenes

 

Hoy hemos despertado en Cracovia. Lo incómodo de la situación no es el duro suelo para dormir sino las pocas duchas donde lavarnos. Los y las más valientes se han atrevido con las duchas portátiles del patio, al aire libre y agua fría. El resto de los mortales (es decir, casi todos), prefieren hacer pacientemente cola para que les llegue su turno aunque sea a altas horas de la madrugada… (Pero ya se sabe: “sarna con gusto…”)

El desayuno -¿conocerán el café con leche o la leche con cola-cao? (¡somos diferentes hasta en la comida más básica!), ha dado paso a un momento de oración en donde hemos contado con la presencia del P. Eduard Crystiac (o algo parecido), escolapio polaco que nos ha introducido a la Iglesia en Polonia y las Escuelas Pías de estas latitudes. Siendo una realidad que denominaríamos ‘conservadora’, sorprende todavía la gran cantidad a de jóvenes que mueven en sus parroquias y colegios. Como escolapios son una realidad amplia y joven con mucho futuro, de  hecho, tienen presencia en Bielorrusia, Ucrania y Austria.

Hasta la tarde no se inauguran oficialmente las Jornadas, por eso hasta las 17h hemos tenido tiempo libre para conocer la ciudad y empaparnos de la cultura, sabores y colores de este país. Pero, ¡esto es una invasión! De repente, bajar del tranvía (medio de transporte mayoritariamente utilizado aquí) y pensar que estábamos en otro lugar: música, bailes, gritos, alegría, banderas, cantos nacionales… Pronto te sumerges en este espacio multinacional donde los rasgos diversos ayudan a entrar en comunión, un ambiente tan plural y a la vez tanta acogida. Impresiona ver cómo se relacionan, valorando la bandera del otro, compartiendo cantos, abiertos a la relación. LA diferencia no es obstáculo para la fraternidad. Y lo que más nos ha sorprendido, que cientos de miles de jóvenes caminemos juntos a celebrar una Misa (y en polaco)! O lo vives y estás, o no hay manera de entenderlo: silencio, respeto, escucha, canto, oración y baile final. Cualquier concierto que reúne a 10 o 15 veces menos de gente tiene su espacio en las noticias, ¿estarán hablando en España de los que estamos viviendo treinta mil jóvenes españoles en Cracovia?

Somos muchos, las calles abarrotadas funden cantos y lemas, banderas y escudos, acentos y lenguas. La armonía final es entusiasmante. Hay que vivirlo. Ni la lluvia arreciante agua los ánimos. Chubasquero y como si nada aconteciera…

Tras la comida (y las pacientes colas) quedamos juntos para ir al Parque Bolnia (dicho no tiene nada que ver con lo escrito) para celebrar la eucaristía de apertura de la JMJ.

En un espacio verde inmenso (algo embarrado pues hoy también vino a visitarnos nuestra amiga la tormenta) sectorizado y ordenado para ocuparlo por todos, hemos vivido la celebración entre el polaco y el latín (a algunos les sonaba igual). Las concesiones litúrgicas al momento solo han venido por parte de algún canto y un coro extraordinario, el resto, todo ‘correctamente litúrgico’. El final ha sido una expresión de alegría y júbilo compartido que se ha ampliado durante horas. Todo me confirma algo muy dicho entre los que vivimos la pastoral juvenil pero tan poco practicado: “los jóvenes evangelizan a los jóvenes”. Dios se ha valido de ellos mismos, pese a tantas formas adultas, para darse a conocer, darse a desear y proponerse como opción preciosa de existencia apasionante; arrastra más la propia vida y vitalidad de los jóvenes creyentes que mil propuestas pensadas y proyectadas desde el mundo adulto. Y ahí queda, de momento…

Paciencia es la virtud de la JMJ: para comer, ir al servicio, caminar,… Y eso hemos ejercido tras la Eucaristía. Pero con buen ánimo. El transporte un poco caos… Los horarios rotos, pero para eso están, para acomodarse a nuestras necesidades. Finalmente, todos en casa contentos de la experiencia tenida, todos menos dos. Una de nuestra grupo ha sufrido un desfallecimiento y acompañada con una amiga hemos tenido que marchar al hospital. Noche de observación y mañana para verificar que todo va bien. Ella misma ha insistido al médico porque ‘no quería perderse lo de la tarde’. Y hay que hacer justicia: el hospital y todo su personal ENCANTADORES. Desde la voluntaria-intérprete hasta el celador. Creo que nos han dado una lección de humanidad y cercanía a la que no estamos acostumbrados en otros lugares (y le han hecho todas las pruebas necesarias). Nuestro agradecimiento al sistema de salud en Cracovia.

Con muy pocas horas para rendirse al sueño, mañana nos espera un día muy bonito, un día muy escolapio.

#JMJCracovia2016

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