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Sobre desvelos, incomodidades… y Taizé

Segundo día JMJ Cracovia
Hoy el día se ha estirado hasta lo impensable, fundamentalmente por la noche pasada en el bus. Vivir la estrechez, incomodidad, y el desaliento por encontrar una postura que no duela, que no deje secuelas musculares o no adormezca de manera dolorosa alguna extremidad… Los kilómetros se hacen eternos, como los minutos mientras el sueño no logra maridar incomodidad con cansancio. En un momento de la noche me han venido a la memoria tantas personas que huyendo de sus países en guerra quedan entumecidas durmiendo en el frío suelo, empapados por las lluvias o hacinados en espacios casi imposibles para tantas personas… Un poco de incomodidad en el autobús casi es bienvenida como un gesto de solidaridad con todos estos…
Finalmente, hemos llegado a Taizé, justo para la oración del mediodía. Algunos de los jóvenes han salido impresionados, otros, no acaban de captar lo de acontecimiento que tiene este lugar. Más allá de estar unos cuantos miles de jóvenes de decenas de países de todo el mundo, uno puede entrever el valor y la fuerza de la fraternidad, de la comunión en algo tan sencillo y simple como la oración. No se necesita más: dirigirnos todos al mismo Padre, eso transforma el ambiente, nos transforma a nosotros. Pero para algunos de estos adolescentes les viene un poco grande… La tecnología, la comodidad y la superabundancia en la que viven ahogados les impide disfrutar de lo básico y esencial de la vida… Paciencia. Es una de las razones de ser de los escolapios, no conformarnos, no tirar la toalla ante estos jóvenes castrados para gustar de la vida porque solo saben consumirla…
El día en Taizé ha transcurrido entre la comida (aborrecida por muchos) -alguno decía en ese momento: “¡no había otro lugar en Francia que visitar!”, la espera para que nos acogieran, momento que han aprovechado nuestros creativos chicos para compartir juegos, cantos y vida española con otros.
La reflexión bíblica dado por un hermano de Taizé ha precedido al grupo para compartir compuesto de españoles y alemanes (en el caso de los pequeños) y de otros países con los mayores. ¡Con qué facilidad proponen y nos hacen hablar del evangelio sin demasiados preámbulos ni recursos pastorales!
Té, pasta y a los barracones a dejar las maletas (¡hoy dormimos en cama!) y a darnos una ducha ampliamente deseada. Poco tiempo más que para cenar (en horario europeo a las 19h) y acudir a la oración de la tarde. Como todos los jueves, escuchando unas palabras del prior de la comunidad, el Hermano Alois, dirigidas a todos los jóvenes presentes. Destaco algunas de calado:
– “Todos nosotros necesitamos de alguien que nos escuche sin juzgarnos. No se trata de dar consejos sino de escuchar. Saber que no estamos solos puede fortalecer nuestra esperanza.
Ojalá en cada iglesia hubiera Hombre y mujeres dispuesto a escuchar en cualquier lugar dispuestos a acogerte.”
“En este momento descubrimos algo maravilloso: acercarnos a aquellos que sufren puede sanar nuestras propias heridas. Acercarnos al que sufre siempre nos da mucho más de lo que entregamos.
Hablando de la Navidad pasada que vivió en Siria, comenta lo que le dijo un joven: “Un joven me dijo: Nosotros queremos vivir una unidad fraterna entre las religiones pero el ruido de las armas es tan fuerte que nuestras voces apenas se escuchan.”
Y poco más. Noche para dormir (algunos están que se caen, otros con ganas de tomar un refresco y canturrear cantos europeos en el Oyak -cafetería de Taizé-, y algunos poquitos prolongaron su oración en la iglesia.
Mañana, día entero para empaparnos de Taizé y su invitación a quedarnos con lo esencial… #JMJCracovia2016