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Somos los hijos amados de Dios

Poco a poco amanecimos calados por el rocío de la noche, pero la opinión generalizada es que hemos descansado (el cansancio es el mejor aliado de un buen sueño reparador). Desayuno de nuestras bolsas, reorganizarnos y juntarnos en una zona para la Eucaristía. (Lo de los baños lo omito…) La sensación en la mayoría era de haber pasado una noche amontonados pero contentos, protegidos y con cierta solidaridad de la precariedad vivida.

Cuando el sol comenzaba a picar (pues se anunciaba amenazador disipando nubes), llegó el Papa para comenzar la Misa a las 9,30h. Y como son aquí en Polonia, solemne, pausada, latinizada… La homilía volvió a tener su enjundia, aunque el sueño y el sol fueron sus peores aliados (ya la enviaremos a los chicos para que puedan leerla tranquilos). En la misma línea, Francisco continuó zarandeando la vida cómoda en la que se sitúan muchos jóvenes y lanzó un mensaje bien bonito partiendo de la figura de Zaqueo en el evangelio, sobre el amor de Dios y cómo nos dignifica y enriquece personalmente:

Esta es nuestra «estatura», esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entendéis entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jesús —nos lo muestra el Evangelio—, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: ¡Tú eres importante!

Toda ella no tiene desperdicio, y se valió de imágenes muy habituales para los jóvenes (celular, navegador, etc. Vale la pena darle una lectura serena…)

En previsión de agilizar la salida del Campus y de iniciar el viaje, salimos antes de acabar la Eucaristía y pudimos regresar a la parroquia donde estaban los autobuses en dos horas y media ¡solo! Y como no hemos tenido día sin lluvia, al llegar, ya a resguardo, cayó la tromba de agua más intensa de estos días, aunque duró apenas 10 minutos. Fue como la despedida. Comimos en la pizzería de siempre y sin posibilidad de ducha, para Viena.

El viaje se hace larguísimo, y entre atascos y otros asuntos, hemos llegado a la capital de Austria a las 2 de la madrugada (en el hostel acababa de llegar otro grupo que también venía de Cracovia). Reparto de habitaciones, las ‘cositas de unos y otros’, y algunos nos metimos pasadas las 4 en la cama…

La reflexión de hoy se la lleva una pregunta: ¿vale la pena tantísimo despliegue de tiempo, medios y recursos que supone una JMJ?

Si respondo con la razón y el corazón en la mano, diría: no. Siento que el evangelio y la propuesta de Jesús tiene que ver más con simplicidad que con propuestas complejas; más con la minoridad que con la grandiosidad; más con el pequeño grupo que con las masas; más con la discreción de la predicación doméstica que con magnos discursos en grandes manifestaciones humanas… Pero también hay que acoger los nuevos tiempos, esta época de intercomunicación y reconocimiento global que conlleva, sin duda, las magnas concentraciones identitarias. Que puedas encontrarte con miles de jóvenes de todas las partes del mundo que se reúnen para manifestar su fe o, al menos, su búsqueda personal, es siempre un valor evidente. ¿Se podría hacer de otra manera? No sé. Con todo, sin quitarle todo el valor a este acontecimiento, no podemos centrar ni articular la evangelización con los jóvenes desde los eventos, sería la mejor manera de fragmentarlos (soy cristiano y vivo mi cristianismo cuando vivo estas experiencias, el resto hago ‘mi vida’ normal’). Las JMJ tienen sentido dentro de una pastoral de conjunto, del día a día o semana a semana, y como realidad misionera para poder animar a vivir la posterior cotidianidad de lo vivido… En fin, se me ocurre mucho más, pero la hora y el lugar quizá no sea el más adecuado.

Gracias, Señor por lo vivido estos días en Cracovia. Gracias por la acogida de los hermanos escolapios y de tantos voluntarios y personas de buena voluntad.

#JMJCracovia2016