Top
 

A volar

Jorge, un joven de 19 años que tenía una gran preocupación por su futuro, llegó muy contento y me contó que por fin sabía lo que quería hacer de su vida.

Recuerdo que durante un año entero él pensaba en diferentes opciones y consultaba a muchas personas para recibir alguna orientación.

Escuchaba muchas opiniones distintas y se angustiaba complicando cada vez más sus ideas y emociones.

Una fábula que escuchó, así me dijo, fue el detonante para tomar una decisión firme y dejar de angustiarse entre tantas preguntas sin respuesta.

Aquí va la fábula:

Un rey recibió como regalo dos polluelos halcones.

Los expertos de su corte se dedicaron a buscar el alimento propio para esos animalitos y, cuando llegó el momento, comenzaron las lecciones de vuelo.

Uno de los dos pequeños halcones comenzó a volar desde las primeras lecciones, pero el otro no aprendía, a pesar de los esfuerzos de sus instructores.

Pasaba el tiempo y no había avances. 

El rey estaba triste por ese halcón que ya no era pequeño y nadie lograba hacerlo volar.

Buscaron todas las teorías pedagógicas disponibles, contrataron profesores finlandeses, compraron libros, bajaron muchas aplicaciones… sin éxito.

Una mañana, un niño pastorcito, que paseaba con sus ovejas por aquel lugar, se puso a arrancar la ramas de un árbol seco para usarlas como leña. En la punta de la rama más alta estaba dormido el halcón rezagado que, al quedarse sin rama, aleteó desesperadamente y, cuando estaba a punto de romperse todo su esqueleto en el suelo, comenzó a volar. Su vuelo, a la altura de las nubes, era espectacular, mejor que el de su hermano.

El rey lo vio todo, o casi todo, y organizó una fiesta para agradecer al niño pastorcito.

En medio de todos los invitados ofreció un brindis por él y le pidió que contara para todos el “gran secreto”.

El pequeño pastor explicó riendo que no había un “gran secreto”. 

Contó lo sucedido y, con su sencillez, se ganó un largo aplauso de todos los invitados a la fiesta.

El rey y todos los que escucharon eso se llevaron una gran lección.

“Quien, en lugar de buscar complicaciones, recibe con sencillez el mensaje de los relatos de Jesús, aprende algo más valioso que el vuelo de un halcón”.

“Para tomar las decisiones importantes en nuestra vida tal vez no nos sirve complicar las cosas sino ser valientes, no aferrarnos a las “ramas secas” que nos dan seguridad, y emprender el vuelo”.

Esto fue lo que Jorge reflexionó, pero tal vez tú puedas obtener más enseñanzas de esta fábula. 

Paco Anaya, Sch. P.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies