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Creo firmemente en las palabras de Calasanz

Soy Alejandro Méndez, escolapio de México.

Cuando un escolapio narra su historia vocacional, siempre lo escucharemos colocar a los niños en el centro de su vida, porque en el rostro de los pequeños es en donde se refleja el rostro de Cristo.

El religioso escolapio sigue incondicionalmente las huellas de Cristo y, a través de sus palabras y acciones, testifica el amor que siente porque recibe el carisma de San José de Calasanz.

Actualmente realizo mi vida religiosa escolapia entre los niños, adolescentes y jóvenes de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Tlalcoligia, Ciudad de México.

Cuando utilizo el término realizar, pienso en el verbo caminar porque los chicos y chicas del grupo exigen a un escolapio que les acompañe, no solo durante su estancia en el grupo parroquial, sino en todo momento.

Por los niños, adolescentes, y jóvenes, me entrego a Dios por completo e incondicionalmente, porque creo firmemente en las palabras de Calasanz “si desde la tierna infancia el niño es imbuido en la piedad y las letras, hay que esperar un feliz transcurso en su vida”.

Las palabras de Calasanz tienen fuerza en nuestra actualidad y, cuando tocan el corazón del escolapio, es imposible que el Espíritu pase desapercibido, sin dejar frutos.

 

 

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