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Fe, vida y misión

Juan Carlos de la Riva, SchP

 

Nos siguen necesitando.

 

El siglo XXI comienza marcado por grandes contradicciones y retos, que se convierten en misión para quienes como Iglesia queremos seguir leyendo en los signos de los tiempos la llamada del mismo Dios. Los escolapios, especialmente sensibles a la situación de vulnerabilidad de la infancia y juventud excluida, y a la demanda de horizonte de vida y sentido para todas las personas, renovamos con creatividad y pasión nuestro deseo de ofrecerles el pan de la Educación y la alegría del Evangelio.

 

“En la mayoría de los países, menos de la mitad de los niños asisten a programas de enseñanza para la primera infancia. Cerca de 124 millones de niños y adolescentes quedan privados de oportunidades de ingresar en la escuela y finalizar su educación; entre ellos, 59 millones de niños en edad de cursar la enseñanza primaria y 65 millones de jóvenes adolescentes en edad de cursar el primer ciclo de secundaria. Más de la mitad de los niños en edad de cursar la enseñanza primaria que están desescolarizados viven en África subsahariana. Además, la disparidad entre los géneros en cuanto a la matriculación continúa siendo un problema. (Tomado de “Una oportunidad para cada niño, Estado mundial de la infancia 2016, UNICEF)”

 

“Cuando educamos a una niña, no solamente le proporcionamos las herramientas y el conocimiento para tomar sus propias decisiones y configurar su propio futuro, también contribuimos a aumentar el nivel de vida de su familia y de su comunidad. Cuando proporcionamos educación, refugio y protección a los niños atrapados en los conflictos, contribuimos a restañar sus corazones y sus mentes, para que de este modo algún día tengan la capacidad y el deseo de contribuir a reconstruir sus países. (misma fuente)

 

Por citar otra cruda realidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado del aumento del suicido adolescente, que es ya la tercera causa de muerte de jóvenes en el mundo, con una incidencia del 75 por ciento en países de ingresos medianos y bajos.

 

El siglo XXI sigue siendo un mundo necesitado de educación y de Evangelio, de cultura y de vida, y somos muchas las comunidades e instituciones de la Iglesia que atendemos este reto: podemos decir con orgullo que la Iglesia anima hoy más de 200.000 instituciones educativas que colaboran a que nuestro mundo sea un mejor mundo para los niños, niñas y jóvenes y podemos decir también que Calasanz tuvo que ver bastante en todo esto, siendo el primer impulsor de la educación popular gratuita y llena de evangelio.

 

Una misión apasionante.

 

La Misión escolapia la describió Calasanz de forma magistral hace 400 años como Piedad y Letras para la Reforma de la República, en lo que debió ser nuestro primer lema. En el Jubileo de este año la hemos traducido con tres sencillos, pero potentes, verbos que nos congregan a todos los escolapios del Mundo: Educar, Anunciar, Transformar. En el corazón de esta triada, como en el corazón de Calasanz, el anuncio del Evangelio como clave que da sentido a nuestra acción educadora y transformadora.  Nuestra Buena Noticia es que, a través del acompañamiento de niños, niñas y jóvenes, sobre todo de quienes menos cuentan, es posible transformar la sociedad para que sea más humana, más solidaria, más fraterna, más como Dios quiere.

 

Esta Misión tan “natural y necesaria”, como decía Calasanz, la desarrollamos desde todos los ámbitos en que es posible establecer una relación educativa: colegios con clara vocación pastoral y social, procesos pastorales desde la infancia hasta la edad adulta (Movimiento Calasanz), pequeñas comunidades cristianas donde compartir espiritualidad, vida y misión entre religiosos y laicos (Fraternidad Escolapia), proyectos sociales con personas en riesgo de exclusión, sostenidos fundamentalmente por voluntariado y con clara vocación educativa y transformadora, a través de la Fundación Itaka-Escolapios.

 

Nuestras claves de vida.

 

Por eso los Escolapios seguimos convocando a personas y creciendo en comunidades vivas que afrontan nuevos retos en Misión Escolapia: educar y evangelizar para transformar la sociedad y renovar la Iglesia. Os contamos algunos datos de esta realidad. Aunque los números son sólo una foto fría y fija de una realidad que desborda de vida y espíritu, nos pueden dar una pista de qué andamos haciendo en concreto.

 

Atendiendo primero a las personas y comunidades contamos 1.328 religiosos, incluyendo 263 que están en formación, y 930 laicos y laicas miembros de las Fraternidades Escolapias. De ellos 24 son escolapios laicos con integración jurídica, 26 laicos y laicas tienen encomendado algún ministerio escolapio (y 22 están en formación para ello). Junto a este “núcleo y alma” de la vida y misión escolapias, hay cientos de personas en misión compartida y miles colaborando con la misión escolapia. Queremos consolidar y vivir una auténtica Cultura Vocacional y Formativa, garantizando la formación inicial y permanente, revitalizando la vida comunitaria y profundizando en Calasanz. (Primera clave de vida de la Planificación 2016-2021)

 

Todas esas personas compartimos un estilo de vida siempre en comunidad, y una misión que nos tiene enamorada el corazón. Laicos, laicas y religiosos nos entendemos como el “alma escolapia” de 199 colegios, con unos 15.000 profesores y 125.000 alumnos, de 250 parroquias y centros de culto y de más de 200 proyectos de educación no formal. Muchísimos de nosotros y nosotras apostamos por procesos de grupo, de vida y de evangelio, que vamos organizando como Movimiento Calasanz y que agrupa a cerca de 20.000 niños, adolescentes, jóvenes y adultos en su proceso educativo y pastoral.Queremos llevar adelante nuestro Ministerio en creciente identidad escolapia, calidad educativa y pastoral, misión compartida y atención preferencial a los pobres: formándonos en identidad calasancia, impulsando la Educación no formal, orientando todas las plataformas hacia los más pobres, desarrollando el Movimiento Calasanz, aprovechando nuestra presencia en parroquias, trabajando en red y con proyectos de presencia. (Segunda clave de vida de la Planificación 2016-2021)

 

También participamos en foros mundiales de atención a la infancia y adolescencia, ejemplo de lo cual es la creación del Instituto Calasanz de Derecho a la Educación (ICALDE) para la formación de mujeres y hombres “capaces de responder con competencia a las necesidades de las sociedades en materia de concepción, ejecución, evaluación y control público de la educación” y promover la visión cristiana de la educación en la definición de las políticas educativas, e impulsar la investigación y publicación sobre educación en general y sobre la educación cristiana y calasancia en particular.

 

Buena parte de nuestra realidad ministerial se verá reflejada en el muy próximo Congreso Internacional de Educación Escolapia, Coedupía. que se celebrará en Santiago de Chile, del 18 al 22 de abril, como una oportunidad para que educadores escolapios de todos los países podamos reunirnos para compartir nuestras experiencias y desafíos, para buscar juntos caminos de renovación, para aprender juntos los unos de los otros, para construir nuevos horizontes educativos. En palabras de Pedro Aguado, nuestro superior general, “Reflexionamos sobre la aportación que podemos hacer para, desde la educación, construir un mundo más justo y fraterno y para poder responder mejor a las preguntas y búsquedas de los niños y jóvenes de hoy y de mañana: ellos siempre son el centro”.

 

Nos organizamos en Presencias escolapias que de un modo corresponsable alimentan nuestra identidad y espiritualidad como seguidores de Jesús en comunidad, y empujan la misión hacia los niños, jóvenes y pobres. Los proyectos de presencia colaboran a vivir en comunión de vida y misión, y la eucaristía la expresa y celebra, renovándose cada semana nuestro envío misionero. En cada presencia escolapia se impulsa el mismo carisma encarnado en diferentes vocaciones: junto a la del religioso escolapio se van conformando nuevas formas de vida escolapia (escolapio laico, ministerios laicales, envíos y encomiendas…) de modo que cada quien pueda discernir cómo participar de las Escuelas Pías desde sus diversas formas.La tercera clave de vida de nuestra planificación lo expresa así: Compartir nuestra misión y nuestro carisma desde vocaciones diferentes y en creciente comunión: formando en identidad calasancia a todas las personas, sensibilizando a todos y creciendo en sinergia de los distintos equipos y órganos, impulsando la capacitación del laicado y la Fraternidad escolapia…

 

Las nuevas fundaciones que nuestras provincias realizan en países en los que estamos asentados o en nuevos países, son siempre en favor de los sectores más desfavorecidos. Estamos creciendo en todos los continentes en proyectos sociales de alfabetización, inserción socio-laboral, prevención, apoyo educativo y residencial, atención a la diversidad, sensibilización ante los desafíos de desarrollo humano y ecológico, etc… Se acaban de abrir nuevas presencias en Perú, Mozambique, Indonesia, Vietnam, Bielorrusia, Ucrania…

 

Queremos estar presentes en más países, sobre todo en África y Asia, y también queremos profundizar más en donde estamos desde hace más tiempo, para servir a más gente y compartir en una comunidad más grande y comprometida. Nos entendemos como una Orden fundamentalmente misionera y deseamos fortalecer esta identidad misionera con un programa formativo específico. También queremos incardinar nuestra misión y leer el Evangelio desde las claves culturales y la riqueza espiritual de cada región geográfica; así, cada circunscripción cuenta con sus objetivos propios para este sexenio, y cada presencia la concreta en su contexto inmediato. (Quinta clave de vida de nuestra planificación).

 

Diferentes formas de “ser escolapio” y participar de la vida, espiritualidad y misión escolapias.

 

Religiosos escolapios.

 

Los religiosos escolapios del siglo XXI viven su seguimiento desde su ser consagrado en disponibilidad al Evangelio, desde su pobreza evangélica y desde su corazón enamorado del Reino de Dios y de sus gentes y proyectos.

 

Los religiosos escolapios mayores siguen iluminando la senda de la entrega por los más pequeños desde sus vidas regaladas, desde sus probadas y creativas trayectorias en la misión, desde su oración y apoyo, desde su dejar hacer y confiar, desde su palabra y ejemplo fieles a Calasanz. Siguen siendo un regalo para cada comunidad y cada presencia escolapia, y un libro del que aprender a seguir a Jesús entre los pequeños. Han vivido cambios eclesiales profundos desde una fe constante en el Evangelio de los niños y los pobres. Son, sin duda, luz para todos y todas.

 

Los religiosos escolapios de edad madura y activa se desgastan día a día en cada tarea y en cada proyecto, pero sin dejar que la actividad desplace una amistad con Jesús que sabe renovarse en la oración-ejercicio, en la celebración comunitaria y en la experiencia del Dios de los encuentros, en cada encuentro diario. Hermanos en su comunidad religiosa, también lo son para los laicos y laicas con los que diariamente se afanan al servir, y aún les queda mucha paternidad para transparentar el amor de Dios a los más pequeños.

 

Los religiosos escolapios jóvenes reinventan las Escuelas Pías ligeros de equipaje, desafectados de lo más pesado de nuestras herencias históricas, para acertar situándose en lo esencial de nuestra vida, Jesús, los jóvenes, los pobres, los niños y niñas, Jesús de nuevo… Corresponsables con la institución y sus trabajos, la alimentan de la juventud del Espíritu, y la llevan por los caminos de una fidelidad creativa. Más de la cuarta parte de los religiosos escolapios están en nuestras casas de formación, y desde ellas nos dan esperanza a personas, comunidades y obras.

 

Sin embargo, la mies sigue siendo mucha, por lo que no podemos dejar de ofrecer este regalo de la vocación religiosa a cuantos nos rodean. Nuestro ecosistema vocacional, esa comunidad alegre donde unas vocaciones necesitan de las otras y las complementan, busca y procura nuevos religiosos escolapios, expertos en comunidad y en soledades habitadas por Jesús, valientes en la entrega, pacientes en la espera, hermanos siempre de todos.

 

Laicos y laicas en corresponsabilidad y comunión.

 

A las personas relacionadas en nuestras Obras que viven otros modos de inserción eclesial, la Orden se ofrece como ayuda a profundizar en su propia vocación por la vivencia del carisma calasancio, como enriquecimiento de sí mismo, de sus propias comunidades, movimientos o parroquias. Para las personas que se vinculan a la Orden esta participación en las modalidades de este Proyecto Institucional, es una oportunidad real de vivir su fe cristiana y su vocación laical de forma adulta, consciente y responsable en la Iglesia: las Escuelas Pías se ofrecen como espacio de inserción eclesial. (nº 29 y 30 del directorio “La participación en las Escuelas Pías, aprobado en julio del 2015 en el 47º Capítulo general)

 

Integración carismática y jurídica: Escolapios laicos.

 

Algunos laicos y laicas comparten un vínculo carismático y jurídico con la Orden, habiendo sido recibida su promesa acorde a sus propios estatutos, tras un proceso de discernimiento con su posterior petición y aceptación. Son personas abiertas a las propuestas, encomiendas y responsabilidades que le planteen la Demarcación y la Fraternidad; viven en una relación estrecha con los religiosos escolapios y, de modo especial, con el Superior Mayor, desde un claro y definido proyecto de vida y misión.

(nº 66 del directorio “La participación en las Escuelas Pías, aprobado en julio del 2015 en el 47º Capítulo general)

 

Integración carismática: vivir en Fraternidad Escolapia.  

 

Bastantes más personas, tras un proceso de formación, de discernimiento personal y comunitario y la aceptación correspondiente de la Orden, viven el carisma calasancio (espiritualidad, misión y vida fraterna), participando de la Fraternidad de las Escuelas Pías. Junto con los religiosos alimentan y animan en cada presencia la “Comunidad Cristiana Escolapia”. Están insertos en la organización y vida de la Demarcación; impulsan relaciones personales y momentos compartidos entre religiosos y laicos ayudando al mutuo enriquecimiento; crecen en discernimiento y autenticidad en la vida personal y comunitaria siguiendo a Jesús desde el estilo escolapio y están disponibles a una implicación en cargos de responsabilidad en una Obra concreta o en la Demarcación, sintiéndose corresponsables de la marcha de la Orden.

(nº 65 del directorio “La participación en las Escuelas Pías, aprobado en julio del 2015 en el 47º Capítulo general)

 

Participación en los Equipos e Itinerarios de misión compartida:

 

Muchas otras personas, desde una opción creyente y comprometida, tras un tiempo de conocimiento y trabajo escolapio y junto con un proceso de formación, piden la incorporación visible a la misión escolapia de la Demarcación y son acogidos por ella. Comparten las preocupaciones y retos de la Demarcación desde la obra en que trabajan, al tiempo que alimentan su propia vocación educadora y evangelizadora en estos equipos. Cultivan su identidad calasancia y dan testimonio de su fe, viviendo su trabajo y compromiso de un modo vocacional y/o ministerial.

(nº 64 del directorio “La participación en las Escuelas Pías, aprobado en julio del 2015 en el 47º Capítulo general)

 

Cooperación con la misión escolapia.

 

La orden también agradece y acompaña a cuantos cooperan en una Obra escolapia; en línea abierta y positiva con la misión escolapia, humanamente estimulantes y educativamente eficaces, ya sea como educadores, catequistas, agentes de pastoral, monitores, padres y madres de familia. Para ellos, se dispone de planes de formación inicial y permanente. Para el profesorado y personal de las obras, se lleva adelante un buen proceso de selección, formación inicial y acompañamiento que les ayude a conocer y sentirse parte activa del proyecto concreto. Nos preocupamos por posibilitar un ambiente de acogida y cercanía que favorezcan la integración en la obra y ofrecer la posibilidad de participar activamente en todas las actividades de la obra y, sobre todo, de las específicamente cristianas. Son personas que con frecuencia participan en la vida de fe de la Comunidad cristiana escolapia o en otras realidades eclesiales.

(nº 63 del directorio “La participación en las Escuelas Pías, aprobado en julio del 2015 en el 47º Capítulo general)

Desde aquí, para todos ellos, y para todas las personas que encuentran en nuestras obras un lugar donde vivir, trabajar y soñar, incluyendo especialmente a los niños/as y jóvenes, un enorme ¡GRACIAS!

 

 

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