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Mensaje del Padre General por la Jornada de Oración por las vocaciones escolapias

 

Buenos días.

Grabo este mensaje en el día de la JORNADA DE ORACIÓN por las vocaciones escolapias, que conmemoramos todos los años en e recuerdo de Glcerio Landriani, el primer joven que entró, llamando a la puerta de las nacientes Escuelas Pías de San José de Calasanz, para dar la vida por la casa escolapia, por los niños, por los jóvenes, por los pobres.

Lo hago porque me lo ha pedido mi muy querido hermano Lehel, Molnar Lehel, que es el responsable de Pastoral Vocacional de los Escolapios de Hungría, pero también porque creo que es muy importante que todos pensemos en el día de hoy por qué es muy necesario que oremos, oremos al Señor de la Vida para que haya cada vez más jóvenes que quieran dar esa vida, completamente, como escolapios, por los niños y por los jóvenes, sobre todo por los más necesitados.

Me gustaría que este vídeo fuera dirigido sobre todo para la Provincia de Hungría que es la que me lo ha pedido. Pienso en los alumnos, en los exalumnos, en los jóvenes del Movimiento Calasanz, pienso en mis hermanos escolapios, en los educadores, en las familias. Pienso en todos los que forman la gran familia escolapia de Hungría.

Pero quizá también lo vean en otros lugares. Me dirijo a todos los que creéis que vale la pena el trabajar y el orar para que haya cada vez más y mejores escolapios para nuestros niños y para nuestros jóvenes.

El vídeo que he pensado, el mensaje, lo quiero estructurar de la siguiente manera: lo voy a decir así de simple: 3×3+1=10. Es decir, voy a decir tres afirmaciones, cada una de ellas con tres pequeñas ideas (3×3) más 1, una propuesta final, igual a 10.

I-Empiezo por la primera. La primera es por qué rezamos por las vocaciones, por qué hay una Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Escolapias. Y voy a dar las tres razones fundamentales por las cuales esta Jornada existe.

  1. La primera, yo creo que la vais a acertar enseguida. Porque las vocaciones son don de Dios. Es Dios, nuestro Padre, el que tiene el plan, el deseo, el sueño, de que haya cada vez más y mejores sacerdotes escolapios para sus preferidos, que son los niños, que son los jóvenes, y que son aquellos niños y jóvenes que especialmente necesitan de padres, de maestros, de educadores, que den su vida por ellos.

Por eso rezamos, Porque yo creo que todos tenemos una convicción que es muy, muy fuerte: Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros, y seguro que para bastantes de vosotros el sueño que Dios tiene es que deis todo, todo lo que hay en vuestra alma, por aquellos que son sus preferidos y sus favoritos, por la construcción del Reino de Dios. Por eso rezamos. Para que el Señor nos conceda ese don, para que siga llamando, para que siga provocando en vuestra alma y en vuestro corazón el deseo de dar una respuesta definitiva.

  1. La segunda razón por la cual rezamos es porque todos necesitamos escolapios. Todos. Por ejemplo, pienso en los alumnos de nuestros colegios. Todos necesitan un padre que les escuche, un sacerdote que les bendiga, alguien que les sostenga, que les oriente… Lo mismo nuestros educadores, nuestras familias. Necesitamos que haya personas que dediquen toda su vida, hasta el final de su vida, y todos los días de su vida, a toda hora, su tiempo, su sabiduría, su escucha, su oración, su testimonio para ayudaros a caminar, para ayudarnos a crecer. Pedimos a Dios esto porque lo necesitamos.

 

  1. Y la tercera razón es porque no sólo nosotros, en Hungría, donde me escuchen este vídeo, sino en todo el mundo necesitamos escolapios. Sigue habiendo muchísimos niños y jóvenes sin escuela; sigue habiendo muchísimos niños y jóvenes sin nadie que les hable de Cristo; sigue habiendo muchos niños y jóvenes que no tienen nadie que les acompañe, que les escuche, que les sostenga. Yo puedo decir que ¡en tantos lugares nos esperan! Recibo tantas llamadas de lugares en los que me dices; “Padre, por qué no envía usted escolapios aquí”. Aquí los necesitamos. Por eso rezamos por las vocaciones.

Por que son un don de Dios, porque todos lo necesitamos, y porque en muchos otros lugares donde todavía no estamos nos están esperando. Primer punto.

 

II-Segundo. Quiero también decir que tenemos la obligación de colaborar con Dios en su llamada. Porque Dios sigue llamando y tenemos que colaborar con Él, para que esa llamada se escuche y surta efecto. Y también de esta afirmación “tenemos que colaborar con Dios” voy a decir tres razones o tres maneras de hacerlo.

 

  1. La primera. Tenemos que PROPONER la vocación. La vocación escolapia, muchos jóvenes seguro que se la piensan, y la perciben como un horizonte interesante, que les cuestiona, pero les ayuda que alguien se lo proponga. Y no tiene porqué ser un escolapio sacerdote que, seguro que lo hace, y con mucha alegría. Puede ser también un compañero, un catequista, el responsable del Movimiento Calasanz, un educador, un maestro, una maestra, alguien que conoce el alma de este joven y le dice: “Y tú, ¿por qué no te piensas esto, por qué no te planteas esta vocación?”. Tenemos que hacer la propuesta, porque son propuestas buenas. Nada hay más maravilloso que hacer una propuesta a un joven que sea una propuesta de plenitud. Proponer la vocación es también un modo de colaborar con Dios.

 

  1. Un segundo camino, y aquí pienso sobre todo en mis hermanos escolapios religiosos, es TESTIMONIAR la vocación. La mayor parte de los jóvenes que entran en la Orden entran porque se han sentido impactados por el testimonio de vida de los escolapios, porque se han sentido conmovidos, porque se han sentido llamados, cuestionados, escuchados. Testimoniar la vocación. Cuando un joven ve una vida plena, la pregunta espontánea que surge en su alma es “Y yo, ¿por qué no puedo vivir también esta vida plena? Testimoniar la vocación es el gran reto de los escolapios. Y yo se lo quiero proponer hoy, con mucha fuerza, en el día de la Jornada de Oración por las Vocaciones Escolapias.

 

  1. En tercer lugar, además de proponer y testimoniar, yo diría ACOMPAÑAR. Acompañar a tantos jóvenes que buscan, que se plantean, que sueñan, que tienen inquietudes, que tienen dudas… porque no tener dudas en estos temas es bastante extraño. ¡Claro que podemos tener dudas! A veces incluso podemos tener algún miedo. Pero sobre todo lo que tenemos es un corazón que rebose ilusión por hacer algo diferente y por buscar una respuesta definitiva a las preguntas e inquietudes que Dios sembró en mí. Todo eso debe ser acompañado, con mucha libertad, con mucha escucha, para que el joven decida libremente lo que quiere hacer, pero que lo decida acompañado, lo decida escuchado, lo decida de verdad con las mejores condiciones para poder tomar una decisión autentica en discernimiento.

Este es el segundo bloque: colaborar con Dios, y sus tres razones.

 

III-Voy al tercero, y último. 3×3+1=10. Voy al tercero. Y el tercero es una convicción. Y quiero dirigir esta convicción sobre todo a los jóvenes. A los alumnos y exalumnos. A los jóvenes de los procesos de la Orden, del Movimiento Calasanz. Yo estoy convencido de esto que te voy a decir: Dios tiene un plan para ti. Dios te está llamando. Yo no sé a qué te está llamando, pero que cuenta contigo, de eso estoy seguro.

 

Y Dios te llama a través de muchísimas experiencias. Po ejemplo, Dios te llama a través de los jóvenes, de los pobres, a través de los escolapios, te llama a través de tu propia alma, de aquello que tú tienes dentro de ti y vibra, de tu comunidad, de tu grupo, de tu historia, de tu oración, de tus sueños, de tus esperanzas. Dios te está llamando. Y si hay na llamada de Dios, yo te puedo asegurar tres cosas que nunca pueden faltar.

 

  1. La primera: si Dios te llama, te está llamando a algo más grande que tú. Dios no te va a llamar a algo pequeño. Te llama a algo más grande que tú. De esto, estate convencido. Dios, si cree en ti, cree que puedes dar el máximo de ti mismo, Y si te llama, es porque quiere contar contigo. Si sientes esa inquietud, si sientes esas preguntas, esas búsquedas, ese afán de plenitud, te hago la segunda propuesta: Confía.

 

  1. No se puede andar “en negociaciones” con Dios sin confiar en Él. La confianza en Dios forma parte absolutamente nuclear y central de la vocación. Dios quiere tu bien. Nunca te llamaría a algo que no te haga bien. Pero además de querer tu bien, quiere todo tu bien. Y te pide que te plantees respuestas fuertes a sus llamadas. Confiar es algo esencial en la vocación. Y la confianza es cuando no pienso tanto en mí mismo y en mi seguridad, sino en el bien que yo puedo hacer, y en la persona que me está llamando.

 

  1. Dar la vida por algo más grande que tú; confiar en el Dios que te llama y, tercero, Compartir ese proceso con las personas que tú sientes que debes compartirlo. Dejarte aconsejar, dejarte cuestionar, dejarte preguntar, te va a hacer crecer. No hacemos nunca estos procesos a solas. Dios, si se ha fijado en ti, déjale que sea Dios para ti e inicia un proceso. Un proceso fuerte de acompañamiento, de búsqueda, para descubrir exactamente cuál ha de ser la respuesta de fe que tú tienes que dar. Ahí está la raíz de la vocación.

 

3×3+1=10. Voy con el “uno”, con lo que falta. Con la propuesta final. Yo creo que todos conocemos, conocéis bien a San José de Calasanz. Jesús le llamó. Y él dijo que sí. Y gracias a el SÍ de Calasanz, hoy día los escolapios estamos trabajando en tantos países del mundo. Gracias a ese SÍ. Ese Sí abrió otros muchos Síes que otros más pequeños que él hemos dado. Quiero decirte que todo esto de la vocación religiosa y sacerdotal escolapia tiene su núcleo central en Jesús de Nazaret. Por Él nos planteamos todo esto, y por el descubrimiento de que sólo siguiéndole a Él encontraremos la plenitud de nuestra vida, nos planteamos la oración por las vocaciones.

 

Yo te propongo que mires a Jesucristo y, contemplándole le digas: “Quiero seguir tus pasos; ayúdame a descubrir de qué modo quiero seguirlos. Y si tu llamada es que yo dé mi vida como escolapio, y que lo haga entre los niños, entre los jóvenes, dame la fuerza y el coraje para decirte que sí, porque ante Ti, la única respuesta que vale es SÍ.

 

Quiero terminar este vídeo como me lo ha pedido Lehel, con una oración por las vocaciones. Yo he escrito una oración que hago muchas veces por las vocaciones escolapias, y ahora la hago con todos vosotros.

 

Padre Dios: Tú llamaste a Calasanz a dar la vida por los niños y jóvenes. Tú le ayudaste y le acompañaste a lo largo de su vida para que pudiera dar forma a su sueño: la educación de todos los niños y jóvenes del mundo según el Evangelio de Jesús.

 

Ese sueño sigue adelante, pero sigue necesitando de nuevos Calasanz. Te pido que muevas el corazón de los jóvenes para que puedan descubrir tu llamada y se conviertan, si es tu voluntad, en religiosos y sacerdotes escolapios.

 

Te pedimos que nos des el don de las vocaciones escolapias, y que fortalezcas el alma de los jóvenes que te buscan para que puedan decirte que SÍ. Amén.

 

Gracias y mucho ánimo.

 

P. Pedro Aguado Sch. P.

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