Top
 

Testimonio: “Si es De Dios, permanece”

Descarga testimonio: Si es de Dios, permanece

 

Hace ya algún tiempo tuve una idea, un pensamiento, una sensación. Alguien me susurraba desde lo más profundo de mí un camino. El camino de seguir a Jesús, el camino de vivir a la manera de Calasanz, el camino del sacerdocio escolapio. Este sentimiento me dio mucho miedo, pero al mismo tiempo me dio mucha paz. Me dio la paz propia de lo que viene de Dios y me dio el miedo propio de quien ve como su vida puede cambiar.

 

El miedo a que la vida cambie, dé un giro radical, me lleve por caminos que desconozco es algo que me sobrecogió. Es algo que en ocasiones aún siento. Pero ese miedo, con Jesús, no tiene poder sobre mí. Es increíble ver como algo que creo viene de Dios me puede dar tanto miedo. Pero aún me es más increíble ver como apoyándome en Jesús ese miedo no me vence, no impide que siga mi camino, no impide que tenga vida.

 

Superado el miedo toca decidir. Decidir si lo que siento y pienso viene de Dios y quiero vivirlo. O decidir si dejo que el miedo me atrape y decido no vivir aquello que he sentido. Yo viví un año así. Un año derrotado por el miedo, vencido porque no me veía capaz. Y después de ese año ojalá nunca vuelva a vivir así. Ese año que viví sumido en el miedo y en la oscuridad es algo que no quiero repetir, es algo que deseo que nadie tenga que vivir, es algo que me robaba vida.

 

Con la experiencia de haberme dejado vencer por el miedo y tener la certeza de que no quería seguir viviendo así, le planté cara. Decidí que esa idea, ese pensamiento, esa sensación que tuve hace tanto tiempo, y que no me había abandonado, era un don de Dios para vivir en plenitud. Tras decidir apostar por seguir a Jesús, vivo una felicidad plena.

 

Esta felicidad de vivir a la manera que Dios quiere para mí es extraordinaria. No ha desaparecido el miedo, sufro como todo el mundo y en ocasiones me caigo y me hago heridas. La diferencia está en que el encuentro con Jesús, vivir unido a Él, cambia mi forma de vivir el miedo, el sufrimiento y las heridas. En ocasiones sigo fallando, me sigue dominando el miedo y lo que yo quiero hacer; no soy ningún superhéroe. Pero vivir mi debilidad con Jesús, apoyándome en Él en la oración y la Eucaristía, y vivir lo que creo que estoy llamado a vivir, hace que cada día me acueste dando gracias. Dando gracias porque soy feliz. Dando gracias porque vivo con Jesús y como Él me llama a vivir. Dando gracias porque aunque a veces no viva así, Jesús no se aparta de mi lado. Dando gracias porque vivo mis miedos, mis heridas y mi sufrimiento desde un Amor que no deja que tenga poder sobre mí.

 

Dando gracias porque lo que es de Dios, permanece en mi corazón.

 

Román, 22 años, prenovicio escolapio.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies